Los números cantan

Editorial

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Juan Manuel Reina
Juan Manuel Reina

Inmersos casi de pleno en un nuevo periodo electoral que, salvo sorpresa mayúscula de última hora, nos conducirá al mismo diálogo de sordos y, por tanto, al mismo callejón sin salida en el que nos encontramos desde hace cuatro meses -eso sí, con un buen montón de millones de euros menos en las arcas de todos que podrían y deberían tener un destino más útil/social-; hace unos días conocíamos el endeudamiento per cápita que soporta cada uno de los municipios españoles.

Un balance con su cara y su cruz para las poblaciones de la Sierra de Cádiz. Y es que, más allá de según qué punto de vista, este documento traza a las claras la deuda real que soportan los ayuntamientos y, por ende, sus pobladores. Números que, justo es reconocerlo, tienen su origen en acciones de gobierno que, en no poco casos, se perdieron en la noche de los tiempos y que, cual condena, arrastran sus ‘herederos’.

Un abanico deudor que encuentra sus dos polos en Villamartín, con un ‘pendiente’ per cápita de 1.601 euros, y

El Gastor, municipio en el que sus habitantes no deben nada, 0 euros.

Saldos, en no pocos casos muy negativos, que, a veces fruto de una gestión poco responsable, son arrastrados por gobiernos que poco o nada tienen que ver con los mismos.

Una herencia que lastra aún más una acción de gobierno que, en estos tiempos de austeridad, se ve ya más que castigada por los planes de estabilidad presupuestaria y que, en definitiva, viene a acotar las posibilidades de, por ejemplo, poner en marcha las tan necesarias políticas de contratación en favor del empleo.

Por eso, no estaría de más que, además de conocer la deuda y su origen, los ciudadanos pudieran conocer los ‘nombres y apellidos’ de la misma, sobre todo de aquella fruto de una mala gestión, ya que al fin y al cabo, como ocurrirá de nuevo en junio, se trata de elegir a administradores de lo público.

 

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