El cielo de la Sierra de Cádiz y de otros puntos de la provincia no es ajeno a la espectacular y poderosa silueta del águila imperial (Aquila adalberti), un ave que se encuentra al borde de la extinción y que, desde 2002, viene siendo objeto de un plan para su conservación por parte de la Consejería de Medio Ambiente.

Aunque, obviamente, aún queda mucho recorrido para sacar al águila imperial de esa lista negra, el último censo elaborado por la Consejería en todo el territorio andaluz señala que este año se han alcanzado 111 parejas nidificantes. Cifra que supone un aumento del 8,8% de actividad reproductora respecto al año anterior.

No obstante, dicho incremento se han detectado especialmente en Sierra Morena, con un total de 97 parejas, ya que en Cádiz y Doñana se contabilizaron las mismas parejas nidificantes, cuatro y nueve respectivamente.

En la actualidad esta rapaz muestra un área de ocupación de 6.700 kilómetros cuadrados en la región, estando presente en todos los núcleos de distribución histórica: Sierra Morena, Doñana, Cádiz y, ahora, las Béticas.

Según la Consejería de Medio Ambiente, estos datos vienen a confirmar que por segundo año consecutivo Andalucía supera el límite de las 100 parejas y de los 4.000 kilómetros cuadrados, considerados por la Directiva Aves como criterios para alcanzar un estado favorable de conservación

“Según la Estrategia Nacional para la Conservación del Águila Imperial Ibérica”, subraya, “para lograr una población reproductora con tendencia creciente no fragmentada se debe alcanzar al menos en la Península Ibérica las 500 parejas, un objetivo establecido también en el Plan de Acción para la Unión Europea y basado en la aplicación de los criterios de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN) para poblaciones pequeñas y de distribución restringida, como es el caso de esta especie endémica. Como la población de Andalucía supone el 20% de la existente en la Península Ibérica, le corresponde llegar a un mínimo de 100 parejas reproductoras y mantenerlas durante un periodo de seis años como mínimo antes de considerar que adquiere un estado favorable de conservación”.

Un apasionante y necesario objetivo en favor de uno de los grandes valores de nuestro cielo.

No hay comentarios

Dejar una respuesta