Depende del cristal…

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Juan Manuel Reina
Juan Manuel Reina

Mientras que por enésima vez nos intentan convencer de que todo comienza a ir mejor -las elecciones vuelven a estar a la vuelta de la esquina y todo parece valer-, la verdad es que dicho discurso de positivismo se antoja complicado de digerir si nos atenemos a las cifras puras y duras y a las realidades, muchas dramáticas, de familiares, amigos, vecinos, etc. Y es que por mucho que se empeñen -algunos aún creen que a base de repetir mil y una vez una mentira ésta acaba convirtiéndose en verdad-, la única certeza es que, si bien es cierto que en número se viene produciendo un incremento de los contratos, estos también están aumentando en lo que a condiciones de precariedad se refiere.

Una realidad que en no pocos casos ha dejado de responder al contexto de crisis en el que nos encontramos y que, como cabía esperar cuando ancha es Castilla, se ha convertido en una herramienta cada vez más empleada por algunas empresas para incrementar de forma considerable sus beneficios.

El incremento de nuevos contratos viene cada vez más acompañado de precariedad

Una precariedad que no solo habla de contratos de una semana, un día u horas, sino que, como denuncian los sindicatos y la propia Cáritas, ha hecho aflorar un nuevo modelo de trabajador: el empleado pobre. Ese que pese a disponer de un puesto de trabajo no cobra lo suficiente para poder responder a los gastos diarios y, por tanto, se ve obligado a recurrir a colectivos solidarios para poder llegar a final de mes.

Dicho esto y dejando al margen los neones de esa macroeconomía que poco o nada entiende de la realidad social, no estaría mal que quienes en breve van a tener la responsabilidad de gobernar tuviesen la suficiente… cordura de no contabilizar como empleo, porque no lo es, aquellos que impiden que pese al sacrificio de quienes los ejercen en favor de sus familias no sirven ni para llegar al día 15. No se engañen, eso no es empleo.

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