De astados y hastío

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En estos días de astados y hastío, de temperaturas que parecen deteriorar aún más el cerebro de los descerebrados, resulta borchonoso, inquietante y, sobre todo, repugnante ver como hay quienes aprovechan la ‘complicidad’ de la masa y el alcohol para agredir sexualmente e incluso violar a mujeres.

Sujetos que bien podrían ser objeto de una de esas carreras por la famosa calle Estafeta y que, solo en los cinco primeros días de los sanfermines, han sido presuntos protagonistas de cuatro violaciones, un intento de violación y siete casos de abusos sexuales.
Sucesos que vienen a identificar y señalar aún más un problema que, a diferencia de lo que cabría esperar, aún tiene unas raíces muy profundas en nuestra sociedad.

Las agresiones sexuales en los sanfermines ponen de nuevo el dedo en la llaga del maltrato
y la desigualdad

Y es que, según los últimos datos facilitados por el Ministerio de Interior, desde el 2009, año en el que comenzaron a desglosarse las estadísticas de agresiones sexuales para acomodarnos al criterio de la Unión Europea, más de un millar de mujeres son violadas cada año.

En total, a lo largo de los últimos seis años se han computado 8.200 agresiones sexuales en todo el territorio español; 1.239 en 2014 y 1.513 en 2011, el año más negro desde que se iniciarán dichas estadísticas.

Es obvio que con estas cifras algo está fallando. Que, como en tantas otras cosas, nos queda mucho camino por andar en materia de educación, igualdad y respeto y que muestras de repulsa como las que se produjeron en Pamplona debieran ser más asiduas para cuando menos hacerles entender a ellos, los agresores, que tienen enfrente una sociedad que va a dar la cara. Una sociedad que no se va a esconder ni arrugar. Que no va a mirar hacia otro lado y que, a diferencia de ellos, va a actuar sin nocturnidad ni alevosía.

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